El acervo popular de nuestra cultura, pone de relieve cuestiones muy evidentes y que; sin embargo, en ocasiones nos cuesta entender y mucho más aplicar.

Las adivinanzas y refranes que hemos ido elaborando en el tiempo, en su mayor parte responden a la necesaria aplicación de conceptos contrastados, pero es necesario acudir a la ironía, la sátira, la broma…, para que las personas podamos darnos cuenta de que efectivamente cosas muy evidentes no somos capaces de interpretar correctamente y menos aún sacar conclusiones beneficiosas para nosotros.
Una de las bases para planificar la vida en nuestros negocios, es la experiencia.
Como ya comentamos en otro momento, pese a la importancia que tiene la experiencia, que desde luego nosotros no vamos a cuestionar, pero que, sin embargo, su aplicación más rotunda desoyendo lo que el mercado va diciendo a gritos, puede ser el gran obstáculo de nuestro futuro y el de nuestro negocio.
El comercio y la hostelería de proximidad tienen un concepto del servicio forjado desde la visión tradicional, como uno de sus puntos fuertes, el contacto directo con el público que nos visita y realiza compras en nuestros negocios, acepta el conjunto de servicios que les ofreces frente a lo que el resto de mercado pone a su disposición.
Esto es algo inmensamente satisfactorio, pero las inquietudes, necesidades y expectativas que mueven a la clientela, no son emociones estáticas, evolucionan a un ritmo superior a lo que por lo general somos capaces de seguir y en muchas ocasiones apenas entender.
Con lo que conocemos cada uno de nosotros sobre nuestras destrezas profesionales, difícilmente se puede ofrecer un aquilatamiento del futuro, porque el futuro está por escribir con letras y explicaciones muy distintas a las que hemos utilizado en nuestra historia.
Vivimos continuamente la transformación de nuestro lenguaje coloquial con la aparición casi diaria de palabras y expresiones que modifican la comunicación entre nosotros.
Pero más aún, desde los Baby Boomer hasta los Alfa actuales, cada generación ha tenido sus signos de identidad propia, tanto en el terreno social, como en el político y en el económico, manifestándose principalmente en su forma de entender la moda, en su argot, pero sobre todo en su forma de entender el mundo, dentro de lo que cabe señalar sus necesidades y expectativas personales.
Cuando los que tenemos negocios que viven de la población cercana a la ubicación de nuestro establecimiento, la innovación y la evolución de la sociedad nos afecta antes que a los otros niveles de la sociedad. Es normal, porque las prácticas sociales se aceptan por lo general y de forma prioritaria, en los contactos que las personas realizamos con nuestro círculo de confianza más cercano.
También, desde determinados núcleos sociales o de experiencias sociales dirigidas, la forma de entenderse puede modificarse y cambiar los hábitos de uso o consumo, pero al final si eso no cala en la base de la sociedad, difícilmente podrá instaurarse de manera definitiva como una forma nueva o avanzada de vida.
Si una nueva forma de entender el momento de colectivizar con otras personas, no somos capaces de ver que se está produciendo, posiblemente perdamos cuota de mercado o más directamente venta. De esto tenemos un claro ejemplo con “el tardeo” que se está practicando en los últimos tiempos.
Si además las composiciones de bebidas y acompañamientos precisan nuevas orientaciones, como las que el mercado va marcando, por más testarudos que nos mostremos en nuestro saber hacer, nuestra dirección va marcada por la pérdida de interés por nuestro negocio, precisamente por esos segmentos de consumidores que se abren a nuevas prácticas.
Nada es lo suficientemente estable y duradero, pese a que eso sea lo único que sabemos hacer.

Vemos con frecuencia que establecimientos de comercio y hostelería permanecen estables en el tiempo y su actividad ya ha superado los cien incluso los doscientos años. Elogios y mis mejores deseos a ellos y su futuro, pero si hacemos una valoración de la presencia de estos establecimientos en relación con el conjunto de establecimientos que existen y funcionan en el mercado actual, su representación porcentual está por debajo del 0,0…%, son historia y fenomenal, pero su presencia no marca tendencia.
En otros servicios como la venta directa a consumidores y usuarios, las cuestiones son las mismas. El que hayan ido desapareciendo los videoclubs no significa que las personas hayan dejado de consumir cine o series, pero la forma de acceder a ese contenido ha cambiado radicalmente. La demanda de alquiler físico de películas ha disminuido hasta tal punto que este tipo de comercio especializado prácticamente ha desaparecido del paisaje urbano.
Del mismo modo, las tiendas de revelado fotográfico, que durante décadas fueron una parada habitual para cualquier aficionado a la fotografía, han visto reducida su actividad de forma drástica con la llegada de los smartphones y la fotografía digital. Aunque seguimos haciendo más fotos que nunca, ya no sentimos la necesidad de imprimirlas, y eso ha hecho que muchos de estos negocios cerraran sus puertas.
Algo similar ha ocurrido con las tiendas de venta y reparación de pequeños electrodomésticos. Si bien seguimos utilizando estos aparatos a diario, el abaratamiento de los productos y la creciente cultura de lo desechable han reducido el interés por su reparación. Como consecuencia, la demanda de estos servicios ha caído considerablemente, provocando el declive de muchos comercios especializados.
Con poco que veamos, que observemos y que analicemos, vamos a encontrar las pautas de comportamiento de los clientes a los que ofrecemos nuestro servicio y la evolución que se está produciendo.
Para terminar, vamos a volver a la adivinanza titular de la reflexión que hemos realizado: “Y lo es, y lo es, y lo es y no lo aciertas ni en un mes”, el entendimiento no es un bien que exclusivamente nos ha dotado la naturaleza y ya está, su dimensión adecuada se alcanza con nuestro esfuerzo y con la seguridad que con ello nuestra eficacia será superior.